Ortografía
Reglas generales de acentuación.
Hemos de distinguir entre acento y tilde, y debemos tener en cuenta que las
palabras varían según la posición del acento.
Por ejemplo, si leyésemos un texto
sin tildes comprobaríamos la importancia de éste, puesto que difícilmente nos
sonaría correcto, o peor aún, no entenderíamos nada. Reflexionaremos sobre su
uso.
Texto
sin tildes
En las lejanas
tierras del norte, hace mucho tiempo, vivio un zar que enfermo gravemente.
Reunio a los mejores médicos de todo el imperio, que le aplicaron todos los
remedios que conocian y otros nuevos que inventaron sobre la marcha, pero lejos
de mejorar, el estado del zar parecia cada vez peor.
Le hicieron
tomar baños calientes y frios, ingirio jarabes de eucalipto, menta y plantas exoticas
traidas en caravanas de lejanos paises. Le aplicaron ungüentos y balsamos con
los ingredientes mas insolitos, pero la salud del zar no mejoraba. Tan
desesperado estaba el hombre que prometio la mitad de lo que poseia a quien
fuera capaz de curarle.
El anuncio se
propago rapidamente, pues las pertenencias del gobernante eran cuantiosas, y
llegaron medicos, magos y curanderos de todas partes del globo para intentar
devolver la salud al zar. Sin embargo fue un trovador quien pronuncio: - Yo se
el remedio: la unica medicina para vuestros males, Señor.
- Solo hay que
buscar a un hombre feliz: vestir su camisa es la cura a vuestra enfermedad.
Partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la tierra, pero
encontrar a un hombre feliz no era tarea facil: aquel que tenia salud echaba en
falta el dinero, quien lo poseia, carecia de amor. Y quien lo tenia se quejaba
de los hijos.
Mas una tarde,
los soldados del zar pasaron junto a una pequeña choza en la que un hombre
descansaba sentado junto a la lumbre de la chimenea: - ¡Que bella es la vida!,
con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares
¿que mas podria pedir? Al enterarse en palacio de que por fin habian encontrado
un hombre feliz, se extendio la alegria. El hijo mayor del zar ordeno inmediatamente:
- Traed prestamente la camisa de ese hombre.
¡Ofrecedle a
cambio lo que pida! En medio de una gran algarabia, comenzaron los preparativos
para celebrar la inminente recuperacion del gobernante.
Grande era la
impaciencia de la gente por ver volver a los emisarios con la camisa que curaria
a su gobernante, mas cuando por fin llegaron, traian las manos vacias: - ¿Dónde
esta la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la vista mi padre! - Señor –
contestaron apenados los mensajeros - El hombre feliz no tiene camisa.
Extraido de www.pequenet.com
y www.ciudadseva.com