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viernes, 1 de noviembre de 2013

LENGUA

Tema 3

Ortografía

Reglas generales de acentuación. Hemos de distinguir entre acento y tilde, y debemos tener en cuenta que las palabras varían según la posición del acento.

Por ejemplo, si leyésemos un texto sin tildes comprobaríamos la importancia de éste, puesto que difícilmente nos sonaría correcto, o peor aún, no entenderíamos nada. Reflexionaremos sobre su uso.

Texto sin tildes

En las lejanas tierras del norte, hace mucho tiempo, vivio un zar que enfermo gravemente. Reunio a los mejores médicos de todo el imperio, que le aplicaron todos los remedios que conocian y otros nuevos que inventaron sobre la marcha, pero lejos de mejorar, el estado del zar parecia cada vez peor.
Le hicieron tomar baños calientes y frios, ingirio jarabes de eucalipto, menta y plantas exoticas traidas en caravanas de lejanos paises. Le aplicaron ungüentos y balsamos con los ingredientes mas insolitos, pero la salud del zar no mejoraba. Tan desesperado estaba el hombre que prometio la mitad de lo que poseia a quien fuera capaz de curarle.
El anuncio se propago rapidamente, pues las pertenencias del gobernante eran cuantiosas, y llegaron medicos, magos y curanderos de todas partes del globo para intentar devolver la salud al zar. Sin embargo fue un trovador quien pronuncio: - Yo se el remedio: la unica medicina para vuestros males, Señor.
- Solo hay que buscar a un hombre feliz: vestir su camisa es la cura a vuestra enfermedad. Partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la tierra, pero encontrar a un hombre feliz no era tarea facil: aquel que tenia salud echaba en falta el dinero, quien lo poseia, carecia de amor. Y quien lo tenia se quejaba de los hijos.
Mas una tarde, los soldados del zar pasaron junto a una pequeña choza en la que un hombre descansaba sentado junto a la lumbre de la chimenea: - ¡Que bella es la vida!, con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares ¿que mas podria pedir? Al enterarse en palacio de que por fin habian encontrado un hombre feliz, se extendio la alegria. El hijo mayor del zar ordeno inmediatamente: - Traed prestamente la camisa de ese hombre.
¡Ofrecedle a cambio lo que pida! En medio de una gran algarabia, comenzaron los preparativos para celebrar la inminente recuperacion del gobernante.
Grande era la impaciencia de la gente por ver volver a los emisarios con la camisa que curaria a su gobernante, mas cuando por fin llegaron, traian las manos vacias: - ¿Dónde esta la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la vista mi padre! - Señor – contestaron apenados los mensajeros - El hombre feliz no tiene camisa.